Mis ultimas vacaciones de verano (invierno para los Argentinos) las pasé en la maravillosa cuidad portuaria de Buenos Aires, capital de la vasta Argentina, cuna del “Che” y del tango. La ciudad, que en 1580 fue nombrada por Juan de Garay como “Ciudad de Trinidad”, fue posteriormente el punto de llegada (durante el siglo XIX) de la enorme corriente inmigratoria promovida por el estado argentino para poblar la nación. Fue así como españoles, italianos, sirio-libaneses, polacos y rusos le imprimieron a Buenos Aires el eclecticismo cultural que la distingue.
Es sin duda este valor, el que a nosotros, latinoamericanos caribeños nos hace evocar en sus calles, rincones y gente una muestra fidedigna del viejo continente , de la gastronomía del Medio Oriente y de las ferias de antiguedades europeas al mejor estilo “Portobello Road” en Londres.
Arte y parrilla
Son muchos los recodos que ofrece esta enorme ciudad para recrear la vista y los sentidos. Si de arte se trata, resulta imperativo una visita al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), un museo privado que fue pensado y organizado sobre la base de una colección particular, la colección Constantini. Su misión es coleccionar, conservar y difundir el arte latinoamericano desde principios del siglo XX hasta la actualidad. Está ubicado en la Ave. Figueroa Alcorta, la entrada general ronda los 2US$ (5 pesos argentinos) y los miércoles, hasta las 9.00 PM, la entrada es gratuita.

En el segmento gastronómico, sin duda Buenos Aires lleva el estandarte de las mejores reses del planeta. Las clásicas parrillas de carne asada argentina abundan en todas partes. Puedes elegir desde las mas elegantes hasta las que encuentras al pie de las veredas. En Buenos Aires se cena entre las 10 PM y la medianoche, la mayoría de los restaurantes abre todos los días. Afortunadamente, para los vegetarianos, la ciudad también ofrece una amplia gama de restaurantes ayurvédicos, macrobióticos, indios y étnicos a maravillosos precios solidarios.El espíritu de los “porteños”, gentilicio que alude a la condición portuaria de la ciudad, es cordial y hospitalario: suelen organizar comidas en sus casas para agasajar a los turistas con platos típicos. La infusión característica es el mate, que lo preparan echando agua en un recipiente del mismo nombre que contiene la “yerba mate”Algunos le agregan azúcar pero la mayoría prefiere un “amargo”.

Tango y libros
Otro de los atractivos de la ciudad es la famosa “clase de tango con milonga”, una suerte de “all inclusive” para asimilar, en un par de horas, algunos de los principales pasos del famoso baile. Un gran variedad de lugares nocturnos ofrecen esta alternativa donde uno puede seguir al profesor y luego practicar en la pista con su contraparte en el baile.
Cierro la nota recomendando visitar las librerías porteñas ubicadas a lo largo de toda la Ave. Santa Fe. En su interior, hay libros de todos los temas imaginables, peor también organizan lecturas de poemas, conciertos de jazz y algunas cuenta con café, imposible no pasar un “full day” en la Librería El Ateneo.
Kit del viajero
- Aunque es una ciudad segura, estén muy atentos cuando visiten el Barrio “Boca”.
- Los hospitales públicos, que están a disposición del turista, atienden emergencias las 24 horas del día en forma gratuita.
- Para alojarte, puedes consultar: www.alojargentina.com . Se pueden alquilar apartamentos céntricos y económicos.
-El agua de red publica es potable, puedes tomar agua del “chorro”, ellos le dicen “canilla”. Hay una tienda de ropa femenina juvenil muy linda que se llama “Agarrate Catalina”, con un corte de fashion muy sureño y atractivo. Me causó mucha gracia descubrir que el nombre es una expresión muy popular que expresa asombro o que se dice antes de “echar un buen cuento”.
Por Edimar Hermoso

Periódico Universitario Letras # 417
Una lástima, no entendiste nada de Buenos Aires. Por miradas como la tuya cada día perdemos un poco más nuetra identidad.
Muy bien Martin, si eres argentino me gustaría saber por qué no entendí nada? A dónde hay que ir entonces? Una lástima que no estabas allí para servirme de guía turístico