En sus “Memorias de un investigador privado”, el psicólogo José Antonio Marina asegura que el terrorismo es un “fenómeno comunicativo. Ningún terrorista puede derrocar un régimen, su fuerza no es real, sino simbólica. Por eso necesita que sus actos se conozcan. El crimen es un significante. Y sea cual sea su significado, es éticamente malo porque aprovecha con fines políticos el dolor o la vida de inocentes”. La afirmación de Marina coincide, en parte, con la opinión del doctor Ariel Segal, quien declaró que esta práctica perversa persigue “aterrorizar a toda una sociedad y cambiar su percepción de libertad de tránsito y de seguridad”.
Aunque el fenómeno del terrorismo es casi tan antiguo como la historia humana, su masificación está asociada a la aparición y desarrollo de tecnología bélica, desde la pólvora hasta el gas sarín y las armas nucleares. El terrorismo, más que ideología, es un estrategia nihilista y maligna que se aprovecha de los males de la cultura globalizada: resentimiento e irreflexión. Si no, cómo justificar el grito del reverendo Jesse Jackson en 1987: “¡Muera la cultura occidental!”.
Bibliografía mínima:
-Bernard-Henri Levy. ¿Quién Mato a Daniel Pearl? Tusquets, España, 2004
- Bruce Hoffman. A mano armada. Historia del terrorismo. Espasa, España, 1999
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De Babel a las gemelas
Por Ariel Segal / arielsegal@hotmail.com
El 11-09-2001 fue un día de verdadera globalización de sentimientos entre los pocos fanáticos que celebraron la caída de las torres gemelas, como si se tratasen de los cimientos mismos de todo lo que odian, y de los muchos que se horrorizaron por los masivos crímenes cometidos en el epicentro de EE.UU., más allá de sus simpatías o no, a ese país.
El mapa geopolítico cambió dramáticamente. Viejos enemigos se aliaron y naciones amigas entraron en conflicto. Pakistán, por ejemplo, por el instinto de supervivencia de sus dictadores, colaboró en la lucha contra los talibanes, a quienes habían entrenado durante años en su lucha contra la URSS en Afganistán. Europa se fragmentó en su respaldo a la invasión de Irak. A muchos saudíes involucrados en los atentados, se les absolvió de todo pecado porque si algo no cambió el 11-S, es la manera como los grandes intereses económicos se entremezclan con los objetivos políticos de las naciones más poderosas. Así, la lucha contra el terrorismo se tergiversa con pactos siniestros sellados con negro de petróleo y la fluidez como circula el gas por las tuberías.
Hoy propongo citar a dos intelectuales con visiones éticas de lo que debería ser la política después de esta fecha. El primero, el escritor israelí Amos Oz, nos dice en su ensayo “Sobre la Naturaleza del Fanatismo“: “El 11 de setiembre no es consecuencia de la bondad o la maldad de EE.UU.. o de si es oportuno o no frenar la globalización. Ni tiene nada que ver con que el capitalismo sea peligroso o flagrante. Tiene que ver con una típica reivindicación fanática: si pienso que algo es malo, lo aniquilo junto a todo lo que lo rodea. El fanatismo es más viejo que el islam, que el cristianismo, que el judaísmo.”
Para Oz, los Bin Laden del mundo nos aman esencialmente, hasta el punto que nos quieren hacer el “favor”, que no les pedimos, de cambiar lo que ellos perciben como nuestros corruptos y pervertidos valores. Por lo tanto, sugiere, la empatía y el humor son dos maneras de combatir este flagelo a nivel personal.
Por su parte, el filosofo francés André Glucksmann en “Dostoievski en Manhattan” nos invita a pensar cómo hasta el 11-08-2001 las grandes naciones consideraban los conflictos de otras como despreciables: “Las masacres eran “africanas”; las iras, “balcánicas”; las resistencias, “caucásicas”; y las guerrillas, salvo cuando uno de los nuestros turistas era víctima de ellas. Ahora han descubierto que no están fuera del objetivo, algo que un puñado de intelectuales locos no paraba de repetirles.” Ahora ya lo saben y, sin embargo, ¿no seguimos los humanos tan confusos como en los tiempos de aquella otra torre, la de Babel, cuando, por creernos como Dios, comenzamos a distanciarnos unos de otros en una epidemia de incomprensión e intolerancia?
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Ariel Segal: “Con el terrorismo hay que ser tajante”
Entrevista por Iván R. Méndez
Desde Lima, Ariel Segal, Doctor en Historia y Estudios del Medio Oriente, intercambió con Letras algunas opiniones sobre el terrorismo y su impacto a nivel global y para los venezolanos.
- ¿Cuál es la definición geopolítica de terrorismo?
- Terrorismo es el ataque deliberado contra población civil, desarmada, que perpetra un grupo u organización, buscando matar a gente inocente con el fin de aterrorizar a toda una sociedad y cambiar su percepción de libertad de tránsito y de seguridad. Con el terrorismo hay que ser tajante y no buscar definiciones académicas o políticas para el término. Es como tratar de definir qué es el suicido según la metafísica o el amor o el odio desde un punto de vista médico. La ONU aún no ha dado una clara definición de terrorismo, lo que demuestra cuán desprestigiada está, pues por presión de ciertos países con poder, sobre todo económico, no se atreve a catalogar lo que es tan obvio.
- ¿Qué atentados terroristas han marcado al mundo en las últimas décadas?
- Andre Glucksmann, en “Dostoyevsky en Manhattan“, afirma que el atentado del 11 de septiembre cambió todos los parámetros cognitivos y emocionales sobre lo que significa el terrorismo: ” El 11 de septiembre de 2001 siempre habrá ocurrido. Y hay que aprender a medir nuestras emociones y nuestras decisiones a escala de su horror mediático y planetario”. El terrorismo de hoy convierte a la muerte en un culto por el cual celebrar y los terroristas no se vanaglorian sólo de matar, sino de morir. El nihilismo y la cultura de destrucción se expanden en nuestro atemorizado planeta
Europa entendió el peligro del terrorismo de grupos fundamentalistas islámicos a raíz de los atentados de Madrid y Londres, pero ahora comienza a comprender que éstos son el gran desafío de las próximas décadas, porque las tecnologías de hoy en día permiten realizar mega atentados con armamento biológico, químico o nuclear. El ataque al Metro de Tokio debió encender las alarmas porque fue el primero consumado con armas no convencionales, usaron gases tóxicos.
El atentado de Munich en 1972, por el “Septiembre Negro”, marcó al mundo porque fue el primero realizado para una gran tele audiencia mundial y porque la reacción israelí de crear comandos anti-terroristas dio la pauta de mucho de lo que se hace hoy para combatir este flagelo.
- ¿Existen Estados terroristas?
- Terrorista es todo aquel que patrocina, organiza o ejecuta atentados deliberadamente dirigidos contra población civil, por lo tanto, hay individuos, grupos y también hay Estados terroristas, que mueven sus fichas para que organizaciones terroristas ganen terreno en países en los cuales tienen interés en poner en jaque a sus gobiernos. Un país terrorista por excelencia es Irán, que patrocina, arma y financia a grupos como el Hezbolá en El Líbano. Siria también patrocina organizaciones terroristas, aunque más discretamente. Arabia Saudita o sectores importantes de su régimen tienen vinculaciones con Al Qaeda. Pakistán, en un doble juego de gran hipocresía, está en la alianza anti terrorista de EEUU y occidente, mientras apoya a grupos terroristas.
- ¿Cómo nos impacta a los venezolanos el nuevo terrorismo global?
- Con la política exterior de Chávez, Venezuela podría convertirse, espero que no, en un escenario bélico por ser un país que apoya organizaciones terroristas y gobiernos que promueven a estos grupos.
Espero que esto no se siga manejando por demagogia en los niveles actuales porque es muy irresponsable poner en peligro a una nación pacifica por los delirios de protagonismo internacional de su actual mandatario. Cuando EEUU perdió la paciencia con Kadafi en Libia y lo bombardeó por su responsabilidad en los atentados de Lockerbie. Se puede pagar muy caro este tipo de irresponsabilidades.
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Estrategias contra el Terrorismo
Extracto del informe de Kofi Annan
Secretario General de la ONU
“Las Naciones Unidas deben proyectar un mensaje claro e inmutable basado en el principio de que el terrorismo es inaceptable. Jamás debe permitirse a los terroristas crear un pretexto para sus actos. Cualesquiera sean las causas que pretendan defender, cualesquiera sean las injusticias a las que afirmen responder, el terrorismo no puede justificarse. Las Naciones Unidas deben mantener su superioridad moral en esta materia.”
“Los grupos que recurren a tácticas terroristas lo hacen porque creen que esas tácticas son eficaces y contarán con la aprobación de muchos, o por lo menos de aquellos en cuyo nombre pretendan actuar. Nuestro cometido principal, por lo tanto, es reducir el atractivo que el terrorismo puede tener para sus posibles partidarios. Para limitar el número de quienes pueden recurrir al terrorismo, debemos dejar perfectamente en claro que ninguna causa, por más justa que sea, puede ser excusa para el terrorismo. Ello incluye la legítima lucha de los pueblos por la libre determinación. Ni siquiera ese derecho fundamental definido en la Carta de las Naciones Unidas justifica el asesinato y la mutilación deliberados de civiles y no combatientes.”
“Una de las maneras más elocuentes de expresar que el terrorismo es inaceptable es dirigir nuestra atención hacia sus víctimas, y asegurar que sus voces sean oídas. Nuestra meta debe ser reducir el atractivo del terrorismo, reivindicando la inviolabilidad de los civiles y tratando a sus víctimas con justicia, dignidad y compasión.”
“Pero debemos recordar también que las víctimas no son sólo quienes han sido directamente afectados por los atentados terroristas. Son víctimas también quienes han sido afectados indirectamente por trastornos políticos, económicos y sociales. Los grupos más vulnerables de nuestras sociedades sufren de manera desproporcionada los efectos de esas dislocaciones, ya que carecen de redes de protección, especialmente en los países en desarrollo.”
“El terrorismo depende de negar la humanidad de sus víctimas. Las ideologías extremistas y excluyentes que rechazan el valor y la dignidad de los demás y los presentan como seres infrahumanos que merecen la extinción, son herramientas esenciales de movilización y proselitismo.”
“Los medios de difusión tal vez deseen también estudiar la experiencia de los países que han adoptado códigos voluntarios de conducta para los periodistas que informan sobre el terrorismo, que podrían incluir, por ejemplo, la prohibición de entrevistar a terroristas. Las Naciones Unidas están dispuestas a colaborar a este respecto con las asociaciones de periodistas y las organizaciones que defienden la libertad de prensa, entre otras cosas mediante la organización de una conferencia internacional para facilitar el examen del tema, si así se quisiera.”
“El terrorismo prospera a menudo en ambientes en que se producen violaciones de los derechos humanos y donde los derechos políticos y civiles están limitados. De hecho, los terroristas pueden aprovechar las violaciones de los derechos humanos para obtener apoyo para su causa. La persecución y las campañas violentas de los gobiernos suelen hacer que los movimientos de oposición se radicalicen. La ausencia de canales no violentos para expresar el descontento y buscar políticas alternativas puede llevar a algunos grupos a recurrir a medios violentos y al terrorismo.”
“Las redes terroristas dependen de la comunicación para generar apoyo y reclutar a nuevos miembros. Así pues, debemos negarles el acceso a la comunicación, en particular impidiéndoles que utilicen Internet, cuya importancia como vehículo de proselitismo, información y propaganda por parte de los terroristas aumenta rápidamente. En 1998 los terroristas tenían menos de 20 sitios web. Los expertos calculan que, para 2005, la cifra alcanzaba varios millares. En efecto, parece que algunos de los principales atentados recientes se apoyaron en información obtenida de Internet.”
(*): Fuente y consulta del informe “Unidos contra el terrorismo: recomendaciones para una estrategia mundial de lucha contra el terrorismo“, 27/04/2006. http://www.un.org/spanish/
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La violencia de lo mundial
Jean Baudrillard
Se ha dicho que los sucesos del 11 de septiembre constituían un retorno forzoso de lo real en un mundo devenido virtual, con una suerte de nostalgia por los buenos viejos valores de lo real y de la historia, incluso violenta, pero no se trata de eso. No estamos tanto ante la irrupción de lo real. Más bien tenemos que hablar de la violencia simbólica descrita por lo que yo llamaría el intercambio imposible de la muerte.
Existen diferentes hipótesis posibles sobre el terrorismo, desde la hipótesis cero a aquella que yo llamaría soberana. A excepción de esta última, las otras hipótesis tienden a darle un sentido histórico, político, religioso, psicológico y, a causa de ello, a borrar la singularidad.
La hipótesis cero es que el acto terrorista no tiene importancia particular. Es insignificante, no debería haber existido y, en el fondo no existe. No se trata más que de una peripecia accidental en la carrera mundial hacia el bien y la felicidad. Esto se vincula con la visión teológica según la cual el mal no es más que una ilusión.
Segunda hipótesis: son unos locos suicidas, fanáticos de una causa pervertida, psicópatas asimilables a los asesinos seriales que deben ser eliminados en cuanto tales (se puede ver por otra parte la suerte que les hacen correr en Guantánamo). í‰sta es la tesis más general de una manipulación de los terroristas mismos por alguna fuerza maléfica la tesis del complot se prolonga en la idea de que el terrorismo no haría más que explotar el resentimiento y el odio de todos los pueblos oprimidos para justificar su violencia y su furia de destrucción. Y esa idea se puede encontrar, aunque bajo una forma inversa, en el intento por justificar el terrorismo como expresión real de la desesperación de los pueblos oprimidos de la Tierra entera. Hipótesis máxima, en el sentido de que constituye la última tentativa para dar al terrorismo una suerte de causa objetiva y por ende de razón histórica. Pero, si uno la observa con cuidado, esta tesis que descansa sobre la desesperación es ella misma desesperada. Condena al terrorismo a ser un gesto de impotencia, una confesión de una imposibilidad que no representa la miseria mundial más que para hundirla en un gesto definitivo.
Por otra parte, si hubiera que encontrarle al terrorismo una causa o una condición objetiva de posibilidad, entonces la dominación del resto del mundo, ciertamente es una de ellas, pero también lo es la esclavitud sofisticada a nuestra a una tecnología integral, al sobredesarrollo que hace de cada existencia individual un objeto de indiferencia total, incluso de rabia y de contratransferencia. Y esto ocurre en los países superdesarrollados. Puede existir un rechazo hacia esta realidad virtual aplastante, a esta supremacía técnica y artificial, sentida como una dominación también ella y como una humillación secreta. Todo esto puede desencadenar una degeneración violenta con represalias, de alguna manera, contra este exceso de realidad. En el fondo, la desesperación está presente quizás de los dos lados.
Es posible también reconocer en el terrorismo una vía de acción política y de voluntad propia, como una forma de proyecto y de intención justificada de discutir el orden del mundo. Pero se trata enseguida de un esfuerzo por denunciar el fracaso y la manipulación del sistema mismo. Esta es la versión entre otros de Arundati Roy, la escritora india que denunciando a la potencia mundial, muestra en ese mismo acto al terrorismo como su hermano gemelo, rostro diabólico del sistema, siendo este orden el cáncer y el terrorismo su metástasis.
El terrorismo es visto esta vez como doblez cómplice , como mecanismo de feedback, como fuerza de oposición prácticamente necesaria, en una dialéctica perversa que funda el imperio, y como una máquina infernal y un movimiento perpetuo . Se trata del poder del mal como regenerador del poderío divino. Estamos también aquí, ante una proposición casi teológica. Se puede llegar a imaginar que si el terrorismo no existiera, el sistema lo habría inventado, y ver en los atentados de Nueva York, como ya se ha hecho, un golpe de la CIA. Tenemos así una dialéctica desesperada, ella también, porque implica suponer que nada puede construir acontecimiento contra el sistema, que toda denegación y toda violencia son a priori cómplices del curso de las cosas, de la marcha inexorable de la globalización. Esto supone negar toda la singularidad, toda la violencia específica y el momento mismo del acontecimiento. Se termina por descalificar no sólo las intenciones de los actores, sino también lo que se juega en su acción. Finalmente, se juzga y se devalúa la acción en relación a su resultado, a sus consecuencias llamadas objetivas y nunca se piensa esta acción misma en su potencia simbólica propia.
(*): Extracto de la conferencia magistral del filósofo y teórico de la cultura Jean Baudrillard La Violencia de lo mundial“, realizada en los “Jueves del Instituto del Mundo rabe” de París y publicada en el libro La violencia del mundo. Monte Ávila Editores Latinoamericana, Colección Milenio Libre, Caracas, 2005, 38pp. Reproducido con autorización el editor.
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Algunos datos sobre el Terrorismo

• Según la IATA, desde los ataques del 11 de septiembre del 2001, las aerolíneas han tenido que asumir costos adicionales por US$ 5.600 millones al año en medidas de seguridad.
• Estimaciones del gobierno de Estados Unidos indican que el monumento en honor a las víctimas del 11 de septiembre, diseñado por Michael Arad, costará 500 millones de dólares y la reconstrucción de la Zona Cero estará lista en 2009 para la fecha del octavo aniversario de los hechos.
• En mayo de este año, los tribunales de Virginia en Estados Unidos, condenaron a cadena perpetua a Zacarías Moussaoui, un ciudadano francés de 37 años, de origen marroquí. í‰l es el único procesado en EEUU por los ataques del 11 de septiembre de 2001. Se le culpaba de estar implicado directamente en los hechos del 11-S.
• La oficina forense de Nueva York indicó que oficialmente murieron 2.749 personas el 11-S, de las cuales sólo se han identificado los restos 1.538 de estas víctimas.
• La víctima que recibió la compensación más alta fue Deborah Mardenfeld, de 35 años, quien al salir del metro fue golpeada por los escombros que se desprendieron de la segunda torre del World Trade Center. Mardenfeld obtuvo US$8,6 millones del fondo de compensación para las víctimas.
• María Cristina Olivo Urrutia ha definido el terrorismo como “una serie continuada de actos de violencia de carácter subversivo que tienen por objeto difundir el terror como medio social para adquirir poder o tener un dominio político” y apunta que las características de este son: actúan por fanatismo, los motiva el odio y la venganza, irrespetan la dignidad humana con lo cual contradicen los ideales que pregonan, la desorganización y las injusticias sociales son caldo de cultivo para su proliferación y a lo largo de los años ha demostrado que empeoran las situaciones sociales por las cuales surgen.
(*): Letras Dossier. Edición 001, Caracas 11 de septiembre de 2006. Corrección y co redaccción: Silvia Martins
Periódico Universitario Letras