Vivimos tiempos extraños en Venezuela, en donde una facción lucha por conservar nuestro look de demócratas-capitalistas y otra nos promete, vía reforma constitucional, hacer de nosotros “un hombre nuevo” con una ideología socialista y antiimperialista… Pasados 515 años del ameno encuentro entre Colón y los aborígenes de las supuestas indias, y muchos menos desde la fiesta de tambores y mestizaje que conformó lo que ahora somos, cabe preguntarse cómo alguien puede estar seguro de cuál sistema de valores nos calza mejor… Pienso que es titánica esa tarea de encajarnos un modus vivendi, pues los venezolanos hemos demostrado ser un tanto eclécticos, nos gusta esto de los españoles, aquello de los lusitanos y un toquecito de los italianos. El siglo XX fue testigo de esa nueva oleada de amores italocarupaneros, saudíllaneros y portugochos de los cuales nació una nueva generación de venezolanos aún más afinados, diversos y con mayor apertura hacia lo foráneo. También, hay que decirlo, somos personas siempre confiadas en ese talismán que es el petróleo, fuente de riqueza y, según algunos, también de pereza.
Tal vez sea mejor dejar que cada uno de nosotros se descubra a sí mismo, luego de un viaje en primera clase por la genealogía familiar, y luego plantee su visión de país, que posiblemente será de colores terciarios, del tipo rojo anaranjado, amarillo verdoso o un siempre elegante azul violáceo.